La persona que soy ahora

Publicado el 1 de Mayo en Relaciones peligrosas | 1 Comentario

Si un día te descubres teniendo un destello de lucidez en medio del ritual repetitivo y lastimoso de la autocompasión victimizada que te dice con frialdad: “si fuera yo no me enamoraría de la persona que soy en este momento”, despierta.

Dicen que volver a cerrar los ojos luego de haber visto es bastante peor que no haberlos abierto nunca. Si en medio de los patéticos “nadie me quiere”, “por qué yo”, “todo el mundo va teniendo pareja menos yo”, “qué pasa conmigo” ,“por qué  mi pareja no me hace feliz”… que no llevan más que a profundizar el hoyo por donde se va yendo la vida, la energía y las posibilidades de acción, algo dentro reacciona, un dejo de valentía y objetividad se alza y logra hacer  insight tan poderoso como ese, no es para que arruguemos la cara en la almohada y nos lloremos como si viéramos pasar por delante nuestro propio funeral, sino para que podamos asumir que algo puede que esté yendo muy mal con nosotros.



Día de los Inocentes

Publicado el 7 de en Ficciones peligrosas | 1 Comentario

 

Los miércoles solía sentarse en la mesita exterior de ese bar en el centro. Era el día oficial de caza. Se trataba de probar habilidades para detener a alguna mujer que despertara su curiosidad. Por su atractivo, pero más que todo por alguna pista que le indicara a su olfato de sabueso que estaría dispuesta a dejarse invitar unos tragos y a escuchar sus historias, y a partir de ahí determinar cómo terminaría el encuentro.



Al Amor de Mi Vida: La respuesta

Publicado el 27 de Diciembre en Cartas peligrosas | 2 Comentarios

“Cada noche vaciaba mi corazón… pero a la mañana siguiente estaba lleno de nuevo”. El Paciente Inglés

Me quedé con esa pregunta  pendiente. Una paregunta, no precisamente formulada, pero de algún modo enunciada. Esa donde te cuestionabas sobre si ese nuevo “estar cerca” que tanto aclamaba yo, me hacía más bien que mal o viceversa.

La verdad es una pregunta que ha ameritado hacer contacto con lo más profundo de mi ser, para poder obtener una respuesta satisfactoria, y sobre todo, sincera. La impresión superficial es que todo es demasiado fácil, pero lo cierto es que ha sido todo menos fácil llegar hasta aquí.

Desde esta silla cómoda que va forjando la madurez, me permito sentarme y mirar todo, desde su inicio voraz, hasta ahora… donde puedo decir que se aprecia la esencia de este sentimiento que lejos de extinguirse, lo único que ha hecho es madurar, evolucionar y crecer. Toda vez que he aceptado que el amor llega esa vez en la vida, y aún si las circunstancias no le permiten desarrollarse en su dimensión práctica, no puede evitar Ser, mientras sea sentido, eternamente Será, otra cosa es cómo será conjugado.

Es como la balanza que se inclina hacia lo menos doloroso. Hacia aquello que como todo lo importante en la vida, tiene sinsabores y alegrías, pero que ya se cuenta con las herramientas para acomodarlo, y convivir con ello de una forma llevadera, que le permita perpetuarse en el tiempo, que se mantenga tibia como una reserva vital que nos dé oxígeno cuando nos asfixie la existencia.

En resumen, me haces bien. Tu presencia posible, accesible, me hace una mejor persona. Cuando estás, una luz pura ilumina mis sombras y mi corazón siente que está en su lugar. No importa cuánto tiempo pase entre un encuentro y otro, no importa que parezcan meses eternos o años… Ya sabemos que el tiempo no gira de la misma forma para nosotros, que lo que forjamos fue de una madera firme que echó sus propias raíces.



Al Amor de mi Vïda: La llegada

Publicado el 9 de Diciembre en Cartas peligrosas | Sin comentarios

Escribía. Escribía sobre ti, para ti. Quería construir con palabras un hilo firme que te atara a mí, que te impidiera irte. Ahora que lo pienso, lo hice siempre. Desde que nos inventamos aquellos emails exclusivos, con una clave cursi que los dos conocíamos. Ahí solo nos escribíamos tú y yo. Tú y yo en ese universo al que le puse nombre, un país, unos personajes. Nuestro mundo.

Tan naif y tan profundamente erótico y complejo. Sin darme cuenta, mientras pensaba que me aprestaba a vivir una aventura más con alguien que me gustaba mucho, fui hundiendo mi voluntad en la arena movediza del amor verdadero. Ese que simplemente surgió e invadió todos mis huesos, mis latidos, mis sentidos.

Me detengo. Me detengo y respiro de nuevo la atmósfera de tu presencia reciente en mis cosas. Tú, en mi casa. Tú, en este espacio que he recreado a tu margen y que sin embargo, te llamaba a gritos. Necesitaba de tu presencia para legitimar que existe, que está bien…

La alegría dolorosa de verte de nuevo. De vernos y constatar que el paso del tiempo es lo único que certifica lo auténtico, lo sentido. Que por encima de todo, de todo, y de tanto, está ese sentimiento bueno, puro, genuino. Ese que pone por encima lo amado y su bienestar, que cualquier orgullo o egoísmo.

Sonrío, suspiro. Lloré un poco de emoción. De pena. En la soledad donde ya no estabas revivía tu mirada y las arrugas que ya se perfilan alrededor de tus ojos, que enrojecidos, leían conmigo algunas de las tantas cartas que te he escrito, en las que he desangrado tu ausencia a base de letras.



Al Amor de mi Vida: La víspera

Publicado el 4 de Diciembre en Cartas peligrosas | 2 Comentarios

Estamos a unas horas largas de volver a vernos, pero horas al fin y al cabo. La sorpresa de cómo mi último email logró caer en tierra fértil y devolverte cercano, dispuesto a conectar de nuevo me produjo un vibrante desconcierto que me tiene el alma emocionada, llena de preguntas, de idas al pasado, a los detalles…

Y la vuelta a analizar la pertinencia de romper viejos pactos de paz… Y el deseo irrefrenable de poder destapar todos estos sentimientos contradictorios, y dejar espacio a tus preguntas, entender tu versión de los hechos, sacar la mía… Admitir que no ha valido de nada todo lo que he hecho para suplantarte en mi corazón. Que sigo reconociendo tu elección como la mejor para ti. Que a ver, si cuánto tiempo me ha tomado a mí ser la mujer que ahora se asoma a mí… recién… luego de tanta búsqueda, de tanta angustia vital, por fin se asienta. Ya no espera nada más que la justa dimensión de la vida, experimentada en cada instante. En la grandilocuencia de las pequeñas cosas.



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