Mi amante epistolar II: He is back

Publicado el 18 de Julio en Diario de Laura | 2 Comentarios

Me encuentra cuando me acerco al precipicio. Llega un momento en que la rutina me puede. Me desajusta, me da claustrofobia. En esos días, regreso agotada de un trabajo de locos y me encuentro un email suyo.

Me hace reír, se me aleja el cansancio y me fascina ese Cyrano que me escribe en escritura automática, tal y como lo pactamos, y es brillante, seductor, sabio y fresco. No nos hemos visto la cara pero sabemos que nos atraemos. Nos gustamos y nos provocamos todo el tiempo. Hablamos descarnadamente de casi todo. 



Ante el fantasma del ocaso

Publicado el 5 de Julio en Diario de Laura | Sin comentarios

Comienza a vislumbrarse el ocaso. Algo ha cambiado para siempre. Una cuota queda de amargura canta de fondo. No se calla del todo, aunque tampoco sube la voz. Parecería que su presencia no es contundente, pero tampoco permite que se respiren los aires espontáneos que otrora agitaron la melena y las caderas con despreocupación.

Una sensación difusa, un algo que anhela las mariposas pero al mismo tiempo,  las aleja. Las rememora como una cosa cercana que sin embargo, se antoja lejana. ¿Quién es esa mujer tímida, esquiva, que no logra asirse a ninguna posibilidad real de acercamiento. Que oscila entre indiferencia absoluta y el deseo ansioso de compañía?

Tantas noches frenéticas, tantas locuras, tantas risas echadas al aire sin ton ni son. Aquella idea, tan absoluta, de sentirse devorando el camino hacia la felicidad.  Cada momento como un pretexto para llegar a la plenitud soñada, la de los cuentos de hadas, la del FIN luminoso y del “felices para siempre”. 



Mi amante epistolar I

Publicado el 28 de Mayo en Diario de Laura | Sin comentarios

Un día me di cuenta que más que un amante propiamente dicho, en este momento específico de mi vida, necesitaba un amante epistolar. Alguien con quien compartir un diario, descarnado, abierto, sincero...con algo de picardía e irreverencia con alguien capaz de seguirme el juego, de batirse en duelo epistolar conmigo. La poderosa intimidad de las palabras. Somos dos desconocidos, yo tampoco he visto su rostro, y solo voy sabiendo algunas cosas...pero estamos teniendo una amistad romance tan importante para el equilibrio de los que necesitamos romper con los moldes y la monotonía...que le he pedido permiso para contarles, y me lo ha dado...

Ahí les van mis impresiones...



De la saga Al Amor de mi Vida: Nuestros aguaceros II

Publicado el 16 de Mayo en Cartas peligrosas | 2 Comentarios

De pronto le dio por llover a esta noche de viernes y me dejé ir en nostalgia. De vez en cuando lo necesito. Hacer contacto con este vacío de tu ser en mi vida, en mi día a día…Ese rumor de ti que suena en un cumplido mensaje de felicitación de cumpleaños a las 8 de la mañana.

Y la distancia, ahí la jodida distancia, esa de las razones y los muros. Ese no saber si es indiferencia o si le temes demasiado a un acercamiento, después de tantos años de haberte aferrado a tu idea de control, de estabilidad.



El vigilante y la señorita

Publicado el 3 de Mayo en Ficciones peligrosas | 2 Comentarios

Solía coincidir con ella en el parqueo de mi edificio. Una mujer atractiva, de unos cuarenta años. Soltera o divorciada, que vivía con su hija pequeña. Trabajaba como visitadora a médicos y parecía que le iba bien.  Asumía que no tenía novio, o pareja estable, pues no la había visto con nadie.

Me había percatado de que el vigilante del edificio tenía una relación digamos que más cercana con ella. Siempre veía un movimiento relacionado con ella. Le lavaba el carro, la asistía cuando tenía contratiempos domésticos y gente trabajándole en la casa, cosas normales que hablas con un conserje de tu confianza, pensaba yo.

Hasta esa madrugada de sábado en que toda mi percepción se disparó. Llegaba yo a eso de las 2 y media de la madrugada. Cuando abrí el portal vi que ella entraba bruscamente rumbo al ascensor, y el se devolvía hacia el parqueo. Él se dio la vuelta a saludarme, con cara algo perturbada. Su cuerpo menudo, de piel clara, lucía como estirado. Con las secuelas de un pavo real que recién ha desplegado su cola y le toca recogerla abruptamente. Un leve aroma a adrenalina en el ambiente.



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